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jueves, 31 de enero de 2008

San Mamés tiene que ser una caldera

Porque yo confío, ayer no, pero hoy mis sentimientos rojiblancos se han exaltado y pienso que la remontada es posible. Pienso que debemos conseguir ese espíritu que hace único al Athletic para aupar a los leones a la remontada. Será complicado, será una tarea harto difícil, pero si alguien puede hacerlo ese es el Athletic ayudado de la mejor hinchada del mundo.

Hoy San Mamés tiene que ser una caldera, un campo en donde jugar sea imposible para el rival, un campo que acojone y meta miedo a los santanderinos que tanto se burlaron de nosotros en la ida. Se les ha subido a las barbas la temporada que están haciendo y equipos así además de perder el respeto a los demás, olvidando sus orígenes humildes a los que seguro volverán. En fin, una pena, porque perder la memoria es lo peor que a nadie le puede suceder y a los racinguistas en este caso se les ha subido la tontería a la cabeza, con lo que hoy un baño de humildad les vendría bien para que no olviden de donde vienen y quienes son.


Por eso y por muchas cosas más hoy el Athletic tiene que rugir, tiene que salir valentonado en pos de una victoría que nos permita soñar con una final de Copa, que por desgracia nuestra generación no ha podido disfrutar todavía. Vamos a por ellos y a dejarnos todo en nuestro campo, en nuestro santuario, vamos a ganar y sobre todo ¡ Aúpa Athletic!!!. Hasta pronto...

miércoles, 30 de enero de 2008

Tenerife; el relax de las Canarias

Corría el año 2004 cuando Eki y yo decidimos darnos unas buenas vacaciones. Después de pensar un poco optamos por la idea de viajar a las Canarias y concretamente a Tenerife. La ilusión se multiplicaba según se acercaba el viaje, pero horas antes de irnos nos dijeron que nuestro hotel estaba en overbooking, por lo que nos llevaban a otro hotel. Un pequeño bajón, puesto que habíamos elegido el hotel pensando que era el mejor y ahora no sabíamos a cual ibamos a ir.


Fue la primera vez que monté en avión, una experiencia que no había vivido y a la que tenía pavor. Llegar al sur de la isla y coger un bus para llevarnos al Puerto de la Cruz. Llegamos al hotel a las tantas, así que después de cenar un bocata nos fuimos a la cama, que teníamos una semana para disfrutar de la isla y queríamos estar frescos.


A partir de ahí el relax, el descanso, la sonrisa en la boca y sobre todo la compañía de Eki no desaparecieron en una semana. Excursiones al Teide, a los pueblos, al Loro Parque, a Tenerife Sur... sol, mucha piscina, playa, paseos y buena comida inundaron una semana preciosa e imposible de olvidar.


Por desgracia cuando nos quisimos dar cuenta la semana se nos había terminado, aunque de ser por nosotros hubiéramos estado allí 15 días más a cuerpo de rey. Fue todo perfecto y una experiencia más entre nosotros, que repetimos año a año para tener días en los que solo existamos Eki y yo. Hasta pronto...

lunes, 28 de enero de 2008

Sean Williams: sin rumbo fijo hacia el aro

Sean Williams: sin rumbo fijo hacia el aro

La historia está llena de talento desperdiciado. El baloncesto, también. Hay veces en las que la caprichosa naturaleza se encarga de colocar cuerpos superdotados al servicio de cabezas que no lo son tanto, creando figuras a menudo excéntricas que resultan irremediablemente atractivas para el gran público, que en no pocas ocasiones asiste a la “vulgarización” de un jugador que podría tenerlo todo en su mano.

Afortunadamente, nunca es tarde para ganarse la redención, y ése parece ser el caso que nos ocupa: Sean Williams. Genéticamente creado para la práctica del deporte de la canasta, alberga tras de sí un historia de malas decisiones y problemas extradeportivos que se remonta a su época como jugador del instituto tejano de Mansfield y que complicó sus aspiraciones de cara al pasado draft. La incertidumbre sobre su futuro y lo inédito de sus audiciones para el sorteo universitario, echó atrás a muchos directivos de la liga. El tiempo parece quitarles ahora la razón, pero los antecedentes invitaban, en el mejor de los casos, a la precaución.


El primer capítulo lo encontramos en 2005. En la madrugada del jueves al viernes 21 de mayo, la policía del campus de Boston Collage arrestó a Williams tras recibir el chivatazo de que alguien estaba en el bosque situado junto al Flynn Recreation Complex consagrando su imaginario a la marihuana. Allí le encontró la policía junto a DeJuan Tribble, jugador del equipo de fútbol americano, fumando y consumiendo alcohol, cargos que se vieron agravados por la condición de ambos de menores de 21 años.


Williams, que ya había sido apartado del equipo hasta en dos ocasiones por razones no desveladas, fue puesto en libertad tras reconocer su culpabilidad, fue expulsado durante el primer semestre del curso por la universidad y, por consiguiente, de su programa de baloncesto.
Un programa que, dicho sea de paso, vivía su particular ‘Via Crucis’ con otros casos delictivos en sus filas como los de Akida McLain, Jermaine Watson, Kenny Haley y Mark Bryant, una situación delicada para la que es una de las instituciones universitarias católicas más antiguas de todo el país.


Mientras su entrenador, Al Skinner, se mostraba optimista acerca de su regreso a la disciplina del equipo, Sean Williams continuaba con su carrera académica en la Universidad de Houston (pese a semejante historial, cuenta que la cabeza le funciona bien para los estudios), en el que sería su primera vuelta a casa para tratar de reconducir su rumbo. Pero su presencia en la ciudad tejana no se debió sólo a los vínculos afectivos, sino que iba mucho más allá.


Durante su estancia de 90 días en Houston, asistió al programa de desintoxicación dirigido por el ex NBA John Lucas. Curiosamente, a él han acudido esta temporada los Nets para ayudar a Marcus Williams en su regreso a las canchas tras la lesión que le apartó de los parqués de la liga durante tres meses.


Cumplida la sanción, Sean Williams regresó a la actividad en Boston College con el inicio del segundo semestre. Recibió, además, el aviso de que debería pasar controles periódicos para revisar el consumo de drogas.


Pese a la falta de partidos, este espectacular ala-pívot se convirtió durante el March Madness en una pieza importante para su equipo saliendo desde el banquillo, dejando muestras de su admirable potencial que, sin embargo, no fueron suficientes para evitar la eliminación en el Sweet Sixteen frente a Villanova.

Configurado ya como uno de los jugadores interiores más explosivos del baloncesto universitario, en su temporada junior estaba llamado a ser uno de los atractivos de la pintura colegial gracias al enorme hueco que habría la marcha de Craig Smith a la NBA, pero una vez más, su controvertido comportamiento le jugó una mala pasada.
Tras haber sido suspendido durante los dos primeros partidos de la temporada por violar el reglamento del equipo (tuvo suerte, a su compañero McLain le cayeron nueve), Williams caminaba con paso firme hacia el premio a Jugador Defensivo de Año manteniendo un sensacional promedio de 6 tapones por noche durante sus primeros 15 partidos, que permitían a los “Águilas” marchar primeros de la ACC con un balance inmaculado de 5-0.
Sin embargo, el 17 de enero del pasado año, él y el antes mencionado Akida McLain (que también fue suspendido por comprar con dinero falso la misma semana en la que a Williams le habían ‘cazado’ porro en mano) fueron expulsados de forma definitiva del programa deportivo de Boston Collage.


Pasadas las horas, los medios de comunicación apuntaron hacia la más que posible causa de su expulsión: al parecer, había dado positivo durante uno de aquellos controles anti-droga que la universidad le había obligado a pasar.


Reducidas a la mínima expresión sus posibilidades de continuar con su carrera universitaria, Sean Williams decidió prepararse durante los seis meses que restaban para el draft con John Lucas. De nuevo en Houston, de nuevo en casa para refugiarse de la tormenta y prepararse para su “resurrección” deportiva.


Su salida del circuito colegial, no obstante, no trajo consigo el fin de los escándalos. O, mejor dicho, de las situaciones disparatadas. Continuando con lo que se había dedicado a hacer durante los tres años anteriores, Williams llevó a cabo una política pre-draft cuanto menos desacertada: se negó de entrada a participar en entrenamientos para las franquicias y borró su nombre del Orlando Pre-Draft Camp, que hubiera sido una oportunidad inmejorable para volver a dejarse ver en acción después de medio año alejado de las canchas.


En una iniciativa pintoresca como pocas, era él quien invitaba a los ‘scouts’ de las franquicias a visitarle a Houston para presentar uno de sus entrenamientos en el Fox Gymnasium de la Universidad de Rice, donde se ejercitaba junto al pívot rumano Ionut Dragusín y, cómo no, bajo las órdenes de su inseparable John Lucas. Sólo New Jersey, New York, Charlotte y su Houston natal manifestaron su interés por, esta vez sí, tenerle en sus entrenamientos privados.
Parece imposible dinamitar con semejante denuedo el comienzo de su carrera profesional. A pesar de que proclamaba a los cuatro vientos haber aprendido de los errores del pasado, eran demasiados los que había cometido hasta entonces… y los que seguía cometiendo. No sólo los ‘scouts’, sino también algunos directivos de la liga (entre ellos Danny Ainge), dejaban ver sus reticencias acerca de seleccionar como primera ronda a un jugador con un historial tan conflictivo.


Por fin llegó el día del draft (contó como agente con Charles Grantham, cabeza visible de la Asociación de Jugadores de la NBA durante finales de los ’80 y principios de los 90’), y esta vez no hubo sorpresas. Tras recibir en los días anteriores sucesivos halagos por parte de Rod Thorn, que lo definió como “la presencia defensiva que necesitaba el equipo”, los New Jersey Nets eligieron a Sean Williams con el número 17.

Después de todo, parece que cayó en el equipo perfecto y, lo que es más importante, junto al base perfecto. Williams pasará desde esta temporada a formar parte de la interminable prole de interiores que se vieron beneficiados del don de Mr. Triple Double para conectar con la pintura. Pese a su escasez de aptitudes ofensivas, aúna la movilidad, la explosividad y la capacidad atlética para sembrar el pánico en las zonas rivales gracias al surtidor que pone a su disposición el dorsal número 5.


En defensa, su gran actitud (en ocasiones peca de exceso de motivación) ha logrado desplazar de una vez por todas a Jason Collins, que permanecía impasible en el quinteto titular dada la falta de un interior defensivo de garantías. Su interminable envergadura y su descomunal capacidad de salto le configurar como un extraordinario intimidador. Sin embargo, es precisamente el ardor con que acude al tapón uno de sus principales problemas, al que es preciso sumar los errores de colocación en el rebote.


Y es que, a pesar de gozar de un físico privilegiado, aún no ha aprendido a utilizar sus prestaciones.


Como en la vida, deberá aprender a utilizar la cabeza en cada una de sus acciones si no quiere volver a cometer los mismos errores.


sábado, 26 de enero de 2008

Crítica de cine: Soy Leyenda

Will Smith vuelve a interpretar al típico héroe americano que tanto le gusta y le pega en esta película de ciencia ficción. Y lo hace en un remake de la producción italiana de los años 70 "El último hombre sobre la tierra", adaptada al cine por el propio escritor de la novela de ficción, Richard Matheson.

Robert Neville (Will Smith) es un ciéntifico inmune hasta la fecha por el virus que ha azotado a toda la tierra y vive en una Nueva York desolada intentando encontrar el antídoto a susodicho virus mientras por radio busca a posibles supervivientes a la catástrofe. Allí transcurre la trama junto a su perra Sam y rodeada de seres infectados por el virus que solo pueden salir a las calles durante la noche puesto que la luz solar quema sus cuerpos. Robert mientras investiga en su laboratorio a los infectados con la esperanza de salvar a la humanidad, pero un buen día su perra Sam es atacada por perros infectados y muere, con lo que Robert se queda absolutamente solo y enloquece, puesto que la soledad en la que vive desde hace tres años se hace inaguantable.


Esa noche en un intento desesperado va en busca de los infectados e intenta matarlos a golpe de coche, pero consiguen volcarlo y cuando está a punto de morir dos supervivientes procedentes de Maryland, madre e hijo, le salvan y llevan a su casa. Pero Robert en el camino deja un rastro de sangre que a la noche siguiente será la pista definitiva para que los infectados encuentren la casa de los supervivientes. Después de una moralina religiosa que apesta un poco se produce una lucha encarnizada por sobrevivir hasta que se refugian en el laboratorio, donde Robert descubre por sorpresa que uno de sus antídotos ha surtido efecto con una infectada.


Como un "héroe" típico Robert dará su vida para que los otros dos supervivientes puedan llevar el antídoto a la ciudad soñada por ellos, en Vermont, donde se encuentra el último reducto humano y desde donde se iniciará la nueva vida humana. Película escasa en cuanto a contenido, con buenos efectos y con no mucho argumento. Rodada a la medida de Will Smith con el fin de atraer a sus incondicionales y reventar taquillas de medio mundo, entretenar 100 minutos e irte a casa sin apenas acordarte de lo que has visto.


Nota: 5,5

lunes, 21 de enero de 2008

Y ahora el Barcelona (miedo...)

Y es que después del ridículo de ayer, no nos queda más remedio que mirar hacia delante, pasar página y recibir al Barça con el cuchillo entre los dientes para intentar hacer la hombrada de ganarle, o por lo menos no perder e intentar dar una buena imagen.

Ayer jugamos un partido tan lamentable que todo el mundo ve el descenso más cerca, la moral de los aficionados descendió de manera súbita y las caras largas se adueñaron de los que sentimos los colores rojiblancos. El Osasuna sin hacer gran cosa se llevó un partido clave y Ricardo a su vez tuvo el partido más plácido de toda la temporada, porque no fuímos capaces de crear peligro.


Cierto es que Yeste cometió una infantilada que teníamos un poco olvidadas y cierto es también la teoría que promulgo siempre; el Athletic con 10 es un cuadro de equipo, se descompone y no es capaz de mirar hacia delante. Y cuando el contrario es que el que se queda con diez, nosotros tampoco somos capaces de sacar provecho, es más, nos dominan, como el partido del Mallorca o el del Espanyol en Copa. En definitiva y para abreviar: un desastre.


Como decía viene el Barcelona. Si ganamos tendremos otra semana tranquila y llena de moral, a su vez le daremos la Liga definitivamente al Madrid, lo cual es un fastidio, y encararemos la vuelta de Copa con el ánimo por las nubes. El Barça vendrá con un recuperado Messi, Henry en plena forma y quizás con la vuelta al equipo de Ronaldinho. Me fijo en esto último porque somos un equipo que es capaz de sacar lo mejor del brasileño y le hemos resucitado en unas cuantas ocasiones. Miedo no da, pero nos tiene tomada la medida y lo mejor es que siga con su recuperación en La Masía. Por otro lado Amorebieta, nuestro mejor central, será baja, aunque Ustaritz está capacitado para suplirle con solvencia. En definitiva y terminando, duelo espectacular, con un gran ambiente y con nuestro equipo necesitado de una victoria de calidad. Nos vemos en San Mamés y Aupa Athletic!!!

sábado, 19 de enero de 2008

Crítica de cine: REC

Hoy empiezo una nueva sección del blog. Cada semana haré una crítica correspondiente al filme que vea en el cine dicha semana. Hoy quiero empezar por una película que me impactó de manera súbita por su realismo y acongoje, que hizo que me subiera a la butaca y pasara miedo como hacía tiempo que no me sucedía.

Me refiero a REC, del cineasta catalán Jaume Balagueró y protagonizada por la televisiva Manuela Velasco, a la que hemos visto presentando 40 Principales y ahora nos sorprende con una cautivadora interpretación de una reportera barcelonesa que hace que nos encoja el corazón con el terror que proyecta en la pantalla. Rodada con 1,5 millones de euros cuenta la historia de un cámara y una reportera de una televisión local que cubren la noche barcelonesa y los sucesos que se dan en ella. En esta ocasión acompañan a un grupo de bomberos que atienden un caso extraño en una comunidad de vecinos. Pronto los sustos se suceden hasta que vamos descubriendo el embrollo del caso. Un virus extraño ha atacado a las personas de la comunidad que montan en cólera y se transforman en una especie de zoombies cuando son mordidos por sus propios vecinos. El edificio es precintado por alerta y quedan todos atrapados en él a expensas de las consecuencias del mortal virus que ataca a cada uno de ellos de manera sucesiva.
Todo ello está filmado desde la perspectiva del cámara local lo que nos da como resultado una visión subjetiva de lo que está sucediendo y nos adentra en la historia que cuenta. Como consecuencia de todo ello se crea una atmósfera densa, en la que los sustos, el terror y el esperpento se entremezclan entre sí para lograr un resultado óptimo en una película que ha dado y dará que hablar por su buen hacer. Por supuesto queda el gran golpe de efecto que se da al final del filme y que nos deja sentados a la silla, conteniendo la respiración y ojopláticos esperando un final, ansiado por otro lado, para poder salir del cine, llegar a casa y por si acaso, solo por si acaso, mirar en las escaleras del portal hacia atrás temiendo algo escabroso, que por suerte no sucede, por lo menos en la mayoría de los casos.



Nota: 9

viernes, 18 de enero de 2008

Vuelta al trabajo en fin de semana

Y es que todo lo bueno se acaba y ahora me toca volver a currar en finde, llevaba ya unos cuantos viviendo como una persona "normal" pero esta normalidad ha tocado a su fin y vuelvo a madrugar un sábado y un domingo para dar lo mejor de mí mismo en el hotel... (tono irónico a más no poder...).

Así que visto lo visto no me queda más que poner la misma cara que pone el peque de la foto y sobre todo un poco de resignación y paciencia. Ya no tengo findes libres hasta mi cumple, así que me mando ánimo y solo espero que por lo menos haya trabajo para estar activo. Hasta pronto...